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Pena de seis cuerdas desconsoladas, por Santi Ortiz

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A la memoria de

Moraíto Chico,

pintor de notas, arpegios

y esperanzas

Antes de nacer, ya se había cruzado en su camino la guitarra; antes de hablar ya estaba poblado de sonidos negros, como el miedo en tinieblas, y blancos, como la cal que alumbra la sonrisa del sol. Y sus pulmones, esos rotos pulmones de hoy día que han entregado su vida a las cenizas, ya se habían impregnado de la atmósfera de tango y bulería, de siguiriyas, deblas, fandangos y tonás del barrio de Santiago.

Allí, en Jerez de la Frontera, en la tierra que le vio nacer, hacía su paseíllo de noveles, con once años tan sólo, junto a José Mercé –de quien luego sería fraterno tocaor– y Juanito Villar. De entonces a esta hora en que cerró los ojos, fue su vida un luminoso tránsito por las ascuas oscuras de misterio del cante y la guitarra.

Su estampa se abre clara en medio del recuerdo: tenía cabellera abundante con crenchas grises entre largas guedejas, nariz generosa, cejas pobladas para velar sus ojos de melancolía, que brillaban tranquilos tras el parapeto de unas gafas con montura al aire; el mentón, obstinado, andamiaba unos labios burlones y agradables de noble simetría. Alzado todo él en un cuerpo espigado, mi memoria se imanta de sus manos nacidas para el duende: manos grandes, nervudas y expresivas, con dedos de sarmiento, finos y delicados, como de pianista, y con los que extrajo más de una vez el piano que llevaba escondido dentro de su guitarra, para simetrizar a aquel Pavón, Arturo, que soñaba guitarras al tocar el piano.

La sangre flamenca de su Jerez natal corría sonora por las cuerdas de sus melodías. Y ese compás, el golpe, la caricia, que a borbotones se desparramaba por sus bulerías, hacían hablar al aire con el acento inconfundible, certero y malherido, de su tierra gitana.

Guitarrista: llorar con las manos, sacar quejíos del viento, exprimir el tiempo entre los dedos para destilar el jugo del compás sin que se escape una sola nota, pautando los latidos de la sangre, midiendo el sentimiento para que su fuego no acabe desbocado como un potro sin freno… que extraña profesión. Y qué destino.

En el cuenco de música de Moraíto Chico, ha bebido el último reducto jondo del flamenco. Del subterráneo de sus sueños, de esa memoria arañada de vida que trazaba geometrías de consuelo en sus manos de artista, nacía el escalofrío de unos acordes que han clavado sus acerados dientes en la entraña común de los humanos para volverse arte y despertar todos los pájaros que el cantaor guardaba en su garganta; para agitar esa antropología de espectros y fantasmas que el oyente conservaba en la última memoria: ese anaquel de sombras colectivo y siniestro que se nutre y presume de remotos orígenes.

El grito y el abismo, la aurora y la esperanza, la derrotada derrota del vencido que mantiene su dignidad invicta, el luto de los sueños, la llamada de luz de la campana, la sed y el agua, el trago amargo de la madrugada, las mariposas negras del poema, el arrebol sonoro de la magia…, todo eso y mucho más respiraba en la lengua llameante y sentida de su amada guitarra, esa que, como el poliédrico mundo del flamenco, hoy se ha quedado sola de Manuel Moreno con la pena de sus seis cuerdas desconsoladas.

Santi Ortiz

Santiago Ortiz Trixac (15 Posts)

Santiago Ortiz Trixac es Licenciado en Ciencias Físicas, matador de toros y escritor taurino con magníficos artículos, colaboraciones en varias revistas y numerosos libros. Actualmente reside en Sanlúcar de Barrameda, Cádiz, donde imparte clases en un centro de enseñanza.


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4 Comentarios
  1. Milagros Jiménez 10 años

    Para los que no entendemos el flamenco, pero nos gusta escucharlo, una vez más, Santi, este homenaje escrito que haces de la figura de Manuel Moreno Junquera, nos sólo nos lleva a comprender y valorar el arte de este genio de la guitarra, sino también el tuyo propio que se nos clava en los senti

  2. Milagros Jiménez 10 años

    Y sigo… que se me fue…:-(

    en los sentidos a la par que los sones de la guitarra de Moraíto.

    ¡Cómo suenan sus bulerías!

    http://www.youtube.com/watch?v=p5ypbEOZLUU

    Descanse en paz la persona y sea sempiterno su arte.

    Un abrazo, Santi.

    P.D. No conocía físicamente a este guitarrista, pero tu exquisita y poética descripción le hace justicia.

  3. Milagros Jiménez 10 años

    ¡Vaya! Se me escapó el comentario. 🙁 Pues repetimos

    Para los que no entendemos el flamenco, pero nos gusta escucharlo, una vez más, Santi, este homenaje escrito que haces de la figura de Manuel Moreno Junquera, nos sólo nos lleva a comprender y valorar el arte de este genio de la guitarra, sino también el tuyo propio que se nos clava en los sentidos a la par que los sones de la guitarra de este jerezano de «manos grandes, nervudas y expresivas, con dedos de sarmiento, finos y delicados, como de pianista, y con los que extrajo más de una vez el piano que llevaba escondido dentro de su guitarra, para simetrizar a aquel Pavón, Arturo, que soñaba guitarras al tocar el piano».

    Exquisita y poética descripción de Manuel Moreno Junquera, que no precisa de conocimiento físico para saber cómo era.

    Descanse en paz la persona y sea sempiterno su arte.

    Un fuerte abrazo.
    Milagros

    itarra

  4. Milagros Jiménez 10 años

    Se me cortó el comentario. Ignoro por qué no me admite enviarlo de nuevo.

    Un abrazo, Santi.

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